John Paul Stapp, el médico con alma de Jackass que deseaba turismos seguros

Cerca de los años 40, no se sabía precisamente cuantas fuerzas gravitatorias era con la capacidad de aguantar el cuerpo humano. Los elementos que habían viraban cerca de pruebas con los humanos, y ahí es donde entró en juego el Dr. John Paul Stapp, a quien le debemos la mayoría del conocimiento, debido a que se anudó una suerte de cohete-trineo para poder ver hasta dónde era con la capacidad de aguantar el cuerpo humano.

El Dr. John Paul Stapp era un médico y cirujano en la fuerza aérea de norteamérica. Se encontraba interesadísimo en revisar de qué forma se podía cambiar el diseño de los aeroplanos y sus asientos para acrecentar la posibilidad de que viviesen los pilotos. No era un tema baladi, en tanto que en aquel momento la tasa de mortalidad por accidentes de avión eran elevadísimas.

El primer emprendimiento de Stapp experimentó fue estudiar la desaceleración humana, saber la aptitud del cuerpo humano para soportar fuerzas G. Hasta el momento se pensaba que lo máximo que podría aguantar el hombre era una fuerza de 18 G (dieciocho ocasiones la fuerza de la gravedad). Él se ocuparía de desmentirlo. En el mes de abril de 1947 empezó las pruebas en la base aérea de Edwards (California) con un especial trineo para revisar dónde se encontraba el límite humano.

Este trineo tenía seis cohetes a sus espaldas que ejercitaba una presión de unos 13.000 kg de empuje. Lo probó en una pista de rieles de poco mucho más de 610 metros, que terminaba en una piscina, con lo que pudiera acontecer. Alcanzó una agilidad de prácticamente 700 km/h. Ejercitó sobre el Dr. una presión de 22 G de deceleración. Logró subsistir y probar que todo cuanto se creía hasta el momento no tenía fundamento.

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Pero John Paul Stapp no se conformó con esta prueba, precisaba mucho más. El 10 diciembre de 1954 se sometió a la mucho más escandalosa de sus pruebas.. todavía mucho más extrema. Subió el número de cohetes hasta nueve, que le daban 18.000 kg de empuje y 1.000 km/h en solo cinco segundos, mucho más veloz que una bala.

Pero lo malo fue aguantar 46G en el momento en que frenó en 1,4 segundos… tal y como si chocase contra una pared en turismo a prácticamente 200 km/h. Eso lo transformó en el homnbre mucho más veloz en la tierra… pero el ensayo no fue gratis… Similar aceleración y deceleración logró que le estallasen múltiples vasos sanguíneos. Pero no hubo desprendimeinto de retina y recobró la visión en unos cuantos días. Este es el vídeo de su hazaña:

No fue su único inconveniente a lo largo de los ensayos. Padeció otras «lesiones de guerra», como fracturas y costillas fracturadas, o múltiples hematomas. Pero nada le aminalaba. Inició un emprendimiento de sobrepasar los 1.600 km/h, pero se anuló sin realizarlo en el momento en que se percató de que las Fuerzas Aéreas perdían prácticamente muchos hombres en los vehículos como en la aviación. Fue entonces en el momento en que estimó que sus entendimientos eran mucho más importantes en otro y dedicó el resto de su historia a estudiar las choques de automóviles, cambiando su diseño a fin de que fueran mucho más seguros.

Bajo su supervisión, la fuerza aérea edificó unas instalaciones para presenciar con vehículos y allí se realizaron las primeras pruebas de choque con dummies. Fue asimismo merced a él que el presidente Lyndon Johnson firmara la ley en 1966 que forzaba a los desarrolladores de automóviles a disponer cinturones de seguridad. La guinda la puso la creación de la Stapp Car Crash Conference, un foro de discusión sobre accidentes automovilísticos y las creaciones en el ámbito de la seguridad vial, donde los especialistas equiparen sus descubrimientos.

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Sin tener en cuenta sus insesateces con los trineos y los accidentes que padeció, vivió hasta los 89 años, hasta el 13 de noviembre de 1999. Sus indagaciones y plena dedicación a la seguridad en los vehículos, cambiando los diseños y construcciones de exactamente los mismos, han salvado incontables vidas.

Fuentes: gizmodo.com, Wikipedia. Stapp.org

6 comentarios en «John Paul Stapp, el médico con alma de Jackass que deseaba turismos seguros»

  1. ¡Vaya locura de hombre! No sé si admirarlo por su valentía o por su falta de sentido común. ¿Alguien se atrevería a probar sus inventos hoy en día?

  2. ¡Wow, este tipo era un verdadero loco! ¿Quién necesita montarse en cohetes para probar turismos seguros?

  3. ¿Quién necesita parques de atracciones cuando tienes a John Paul Stapp? ¡Un verdadero temerario!

  4. ¡Vaya personaje era el tal John Paul Stapp! ¿Quién necesita montañas rusas cuando tienes a este médico intrépido?

  5. No puedo creer lo loco que estaba este tipo. ¡Ponerse a hacer pruebas extremas en coches! ¡Increíble!

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